El Día Internacional del Beso

por | Abr 22, 2018

Entre las muchísimas divisiones en las que podemos separar a los seres humanos, están los besucones y los no besucones; entre los que toda su afectividad la transmiten a través de un ósculo y entre los que ese roce les produce hasta cierto repelús, sobre todo si la persona a la que va encaminada tal muestra de amor, cariño o, simplemente, un encantado de haberte conocido, no muestra esa pulcritud en el aseo que tan deseable es en las distancias cortas. Ese rastro de leve sudor que queda en la mejilla propia, o ese fugaz pero indeleble aroma desprendido del aliento ajeno, son sensaciones que algunos, especialmente los no besucones, prefieren perderse.

Otra cosa es el beso de amor. En esta modalidad seguramente la división es más desequilibrada a favor de los besucones, porque quizás es la muestra más sincera y apasionada de este eterno sentimiento.

Pues parece ser que el 13 de abril, víspera del aniversario de la proclamación de la Segunda República en España, es el Día Internacional del Beso. Yo me pregunto, ¿es necesaria esta celebración?, ¿los besucones lo van a celebrar especialmente este día?, ¿los no besucones van a entrar por el aro, siquiera el 13 de abril? Por otra parte, ¿es necesario el Día Internacional de las varices? (15 de septiembre), ¿de la felicidad? (20 de marzo), ¿de la lengua materna? (21 de febrero), ¿del atún? (2 de mayo), ¿del retrete? (19 de noviembre)…

Se entienden los días internacionales cuando son para visibilizar un problema (Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, el 6 de febrero, o el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre); potenciar un actividad entendida como beneficiosa para la mayoría (Día Mundial contra el Cáncer, el 27 de febrero); o para luchar contra una lacra social (Día Internacional contra la Corrupción, el 9 de diciembre). Por cierto, este pasa muy desapercibido. Todos estos días sí que tendríamos que celebrarlos, destacarlos y, aunque fuese un día, luchar denodadamente porque cada uno de ellos pase a formar parte de la agenda diaria de los gobernantes. Y muchos otros, como luchar por el medio ambiente, por erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, fomentar hábitos saludables y que redunden en la formación y educación de los más jóvenes. Muy cerca tenemos el Día del Libro (23 de abril), también el del Teatro (27 de marzo), y algunos otros que sí tendríamos que tener en cuenta pues son las actividades que nos forman como personas y seres humanos racionales.

En tanto que los poderosos recapaciten y decidan cambiar sus políticas y realmente poner el énfasis en las verdaderas decisiones que sí influirán positivamente en la gente, sigamos besándonos si este es nuestro deseo, pero sin que haya un día que nos lo recuerde, para que los verdaderos Días no dejen de tener sentido.

 

MERCEDES BARRERA

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